viernes, 3 de julio de 2020

cOMIENZOS DE UNA NOVELA DE nIVALDO - --DOS --






          Mejías durmió en la ranchería durante los 3 primeros  años y fue su único habitante.  En ese tiempo hizo construir cerca de la mata de mango el aljibe y su depósito de agua; éste era de cemento y piedras y tenía dos metros de largo por metro y medio de ancho y dos metros de profundidad. Romualda, su mujer, se nudó a la nueva vivienda donde nació Florentina, su única hija.  Poco después de que ésta cumpliera sus 15 años su madre moriría victima de unas fiebres que nadie conocía ni mucho menos cómo combatirlas.  Pero Mejías no se conformó con vivir en aquella casa demasiado grande para dos personas y se trajo a su amigo Gambí, que pasaba de los 50 años, de un campo cercano y ya estaba cansado de trabajar subiendo a brazadas los cocoteros para tumbar cocos en las haciendas.  Gambí dormía en un chinchorro en el establo y se encargaba de regar las matas cercanas a la casa y alrededor del aljibe.  Él fue de la idea de construir  un arco vegetal que escondiera al aljibe de la casa y permitiera la instalación de un baño público que él administraba y compartía las ganancias con Florentina por insinuación de Mejías.
          Cuando Montañez llegó a la casa de la familia en Chamberí, tenía 7 años.  Había nacido en Guiria y junto con su hermana Josefina y su tía Evangelia  llegaron ostinados de la tiranía de su padre que provocara la muerte de Cosmelina, su madre.  Todas las mañanas contemplaba el patio de la casa de los abuelos pues se había enamorado su amplitud poblada de árboles frutales.  Ya Mejías tenía años de haber fallecido pero Gambí seguía vivo pero tan añejo que se cansaba regando las matas de flores y los arbustos de l patio y se sentaba en un borde del tanque a administrar su baño público. Tenía un mínimo aproximado de  10 clientes fijos que pagaban una locha cada uno (Bs. o.125 ctms.) por el baño los cuales entregaba en su totalidad a Florentina hasta que un día amaneciera muerto en el chinchorro.
          Al cumplir 8 años Florentina inscribió a Montañez en la escuela pública que existía en los alrededores de la plaza Sucre. Como era costumbre en la gente de bajos recursos que aspiraban asalir de la pobreza, Florentina se enamoró de Carlos Betancourt, un hijo clase-media del pueblo, a quien conociera en el baile del domingo de carnaval auspiciado por el Concejo Municipal  Era una mujer sencilla que leía mucho como su manera de luchar contra el ostracismo cultural de Nivaldo, un pueblo sin biblioteca ni estudios secundarios que ella se ayudaba a combatir con la lectura de cualquier periódico o revista que llegaba al pueblo y con los libros que obtenía en la Tienda de Figueroa, en la Avenida Bermúdez, un negocio que vendía de todo y si no encontraba debía ir a Carúpano o Cumaná en su búsqueda.  Florentina cayó en las redes del jugador Betancourt, un taranbana que al final la abandonó con tres hijos.  Ella se consagró a la educación de sus hijos y fue la primera en animarlos a irse de Nivaldo (en especial a Jesús, el mayor) si aspiraban a algún propósito en la vida.  Por eso José del Carmen  Ramirez, tuvo tantos problemas para convencerla  y casarse con ella.  Como una prueba de afecto, reconoció a sus hijos como propios al incluirlos en el acta matrimonial.
           Cuando Montañez comenzó a estudiar su primer grado, el   matrimonio de Florentina y José del Carmen tenía varios años  y  Cosmelina, su única hija había fallecido y ambos se dedicaron  a envejecer juntos y depender para vivir de los giros mensuales de su hijo Jesús, que nunca los defraudó y quien pasaba con ellos una temorada cada dos años.  Entonces los abuelos vivían con Evangelia y sus dos hijos, Angel y Esther.  Por su parte, José  del Carmen, que siempre fue muy trabajador, era tenor y tenía su conjunto musical.  Aunque su actividad musical llegó a su fin  siempre, aún vejucos, no dejaban de cantarle una serenata a Florentina el día de su cumpleaños.
          Mientras crecía, Montañez disfrutaba de los baños diarios en el mar y tuvo su propia tacarigua y la disfrutó plenamente cuando ya estaba en la edad de defenderse solo en el mar.  El nombre "tacarigua" lo dieron los indios caribes a un árbol que tenía una madera muy fofa y de poco peso que los niños de los pueblos orientales utilizaban para hacer un flotador que les permitía trasladarse, con el impulso de sus extremidades, sobre el mar. Al flotador le dieron el nombre del árbol ("tacarigua")  sacaban a cuchillo del tronco del árbol y luego le daban la forma de bote; puyúo al frente y corte cuadrado atrás. Montañez hizo más de un flotador y los disfruto plenamente.
          Cuando a los 15 años dejó de usarlo, comenzaron las caminatas.


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